1 EURO QUE HACE MILAGROS

viernes, 8 de octubre de 2010

EL PERRO DE LOS NOVIOS



... Togliatti, Rusia, verano de 1995. El coche se aproximaba a la ciudad acarreando en el vientre una joven pareja. Al volante él, al lado ella, y en el asiento de atrás, un perro ovejero alemán dormía rezumando sosiego. La felicidad flotaba en el aire. Los corazones enamorados latían al unísono. En cada mirada un mensaje, y en cada mensaje una renovada promesa de amor.
.... El asfalto en calma, un escaso tráfico, y las ruedas sueltas en monótono diálogo con la aspereza del pavimento. Una curva. De pronto, ¡sobre la calzada un camión sin las luces de precaución! Al conductor no le dio tiempo de evitar la acometida... ¡El choque fue brutal! Un ruido ensordecedor acompañó el vuelo de las chispas del metal agredido. Después, silencio... La carrocería destartalada mostraba una mueca de espanto.
.... La esposa murió en el acto. El hombre, moribundo, quedó atrapado en el amasijo de hierros retorcidos. El perro salió disparado sin sufrir daño alguno.
... Otros vehículos frenaron y varias personas descendieron apresuradas, a unirse a los vecinos que acudían a prestar un primer auxilio.
... Entre todos, aunando esfuerzos lograron sacar al conductor del cepo metálico. El perro, mudo testigo, observaba. Observaba sin comprender.
... El ulular de la sirena anunciando el arribo de ayuda, pidió paso. La ambulancia constituía el único puente a la salvación. Los sanitarios cargaron al herido en una camilla. El accidentado, en un relámpago de conciencia, alcanzó a mirar al can como diciéndole "espérame". La estridencia de la sirena obtuvo vía libre, y acabó apagándose en la distancia llevada por la urgencia.
... Al poco rato, el cuerpo de la única víctima partió rumbo al depósito de cadáveres.
... El perro, en silente actitud, miraba.
.. El andar del tráfico tornó a la normalidad. La vida seguía.
... A las pocas horas el flamante esposo abandonaba este mundo, seguramente para continuar el interrumpido sueño de amor en otra dimensión; en ese eterno rincón de las almas diáfanas. En la muerte, los dos estarían juntos nuevamente.
.. Según la versión oficial, el automóvil color guinda había chocado contra un camión parado en la carretera por culpa de una avería. Los fallecidos eran Yuri y Elena, una pareja de recién casados que pasaba por Togliatti, regresando del viaje de boda.
... Lo empezaron a ver sentado a la vera del camino, en aquel verano de 1995. La solitaria presencia del animal atrajo la curiosidad, y esa curiosidad derivó en la simpatía general. Nadie lo dudó; esperaba el regreso del amigo al que vio salir convida. La fidelidad irrompible, envuelta en una mansedumbre adobada en espinas, cual espada existiendo en medio del dolor, era la desoladora imagen de un pétalo caído percutiendo en los ojos humanos; descabalgando emociones. Sin saberlo, el perro, minuto a minuto, jornada a jornada, íbase haciendo paisaje.
... El adurir inmóvil del estío, igual que un insondable fantasma, insistía en entonarle la canción del abandono, invitándolo a la renuncia. Más él, desde la cima del desespero destilaba un firme convencimiento; si Yuri de allí partió, allí volvería.
... Paladeando soledad en la inalterable persistencia, y convirtiendo la espera en música callada, elevaba el marchito mirar hacia el abismo del silencio, afin de procurar en el vacío un asidero de consuelo. Mientras tanto, crujía el desamparo en el vibrante galopar de las máquinas montadas en la inutilidad de la prisa. Las orejas se alzaban al divisar un automóvil, y corría a su encuentro. Incluso, muchas veces, en veloz carrera acompañaba el cruce de un vehículo. Los coches desaparecían tragados por la brumosa boca de la lejanía, y él quedaba ahí, olfateando el aire, mirando sin descanso. Los ojos recorrían la calzada como barca a la deriva, sin rumbo, sin timón, sin puerto. Siempre con la umbrosa mirada agregándole sombra a la solitud, y la desolación que lo coronaba poniéndole en la testa el peso de la expectativa.
.... Hubo personas bondadosas, que dolidas por el drama del animal, intentaron adoptarlo y así darle un nuevo hogar. Ninguna tentativa alcanzó el éxito; el can volvía al borde del asfalto, y armado de una infinita paciencia, manteníase al acecho aguardando el ansiado retorno de Yuri. Y allí estaba, desde el esplendor del día sin final hasta el tramo crepuscular, para que su amor sobrevolara la noche inquietante; asumiendo la realidad desnuda, remando a contracorriente, poniendo en el reencuentro el impalpable aleteo de una ilusión.
... Para alivar tan amargo hado, los vecinos le traían comida y agua.
... A raíz de la conmovedora insistencia de aquel animal sin nombre, el pueblo lo llamó Kostik (diminutivo de konstantin, "constante"). Y Kostik, enarbolando el cariñoso calificativo, perduraba al borde del pavimento, fiel al desabrido designio; manteniendo en la superficie el discurrir del inquebrantable atalayar.
... Palpitando al compás del sitio, el pobre era solo un bulto viviendo en el titilar del empeño; una presencia pálida que silenciosa recorría las venas de la esperanza.
... El firmamento en interminable transformación mudaba el maquillaje, yendo del azul cobalto al suntuoso bermellón, acabando por desembarcar en el azabache espolvoreado de titilantes astros. Y él sin moverse, en muda actitud, escuchando a la larva calar la tierra, viendo brotar la hierba, parpadeando por el ímpetu de la luz, mordiendo la espera en el desfile de los días, adecuando el aullido a la indiferencia de la piedra.

(Única foto de Kostik)



..... Llegó el invierno, y con el invierno las primeras nevadas. La gente, enternecida, llevábale agua tibia y cajas de cartón donde pudiera cobijarse, puesto que vivía acosado por la nieve, a merced del llanto del cielo, en medio del trueno terrible, desnudo frente al azote de la tormenta, y a unas temperaturas de hasta veinte grados bajo cero. Pero nada doblegaba la voluntad de Kostik. Estación tras estación, ya sea atenazado por el imperio del frío o la prepotencia del calor, él resistía imperturbable, atornillado al sitio, inaccesible al desaliento; con las pupilas estampadas en el pavimento, y acompañado por los árboles que lo miraban desde la estatura de las ramas. Ninguna fuerza podía apearlo del empeño; ni el mazazo de las horas, ni el peso del cansancio, ni la intemperie aniquiladora. Solamente iba a claudicar ante el puño de la muerte.
.. Día y noche, noche y día, para Kostik todo expresaba carencias de forma y de longitud. Cada jornada resumía un opaco espejo temblando en el rugir de los motores, trayendo desde lueñes sitios un repetido ambular tachonado de desesperanza.
.. El infinito aterrizaba en la infinidad de una gota, la sombra resumía el vacío, el temor abanicaba los huesos, la tierra latía sin agobios; en cada aurora recobraba la vieja piel, y cuando la oscuridad íbase hundiendo en los dedos de la luz, la noche ya era un raudal imparable amenazando la penumbra que corría a refugiarse en los frisos de las cosas, absorbiendo la temeridad de lo ignoto. Tras el tranco nocturno, el cielo enseñaba el caparazón azul a fin de que la claridad esculpiera figuras derrumbando miedos, removiendo colores. Una jornada más y todo igual; el hielo seguía agazapado en el agua, la nieve campaba encerrada en la nívea consistencia, los ríos no detenían el viaje sin retorno, ni el asfalto dejaría de lijar las ruedas. Kostik enfrentaba la tenaz desolación teniendo al viento silbando en la carretera, el revuelo de pájaros anunciando lluvia, y el desfile motorizado midiendo la distancia.
... Transcurría el año 2002. La noche adulta se abrió al estallido de la indisposición. De golpe el plomo de una molestia le desembarcó en el cuerpo, y al caer en manos del dolor, el corazón trastabillando le habló a Kostik de un severo contratiempo; la proximidad de la insalvable partida. Caminó casi arrastrándose, hilvanando esfuerzos y jadeos. El bosque cercano le mostró el cobijo de la madera. El disparo de un gemido rodó apuntando a la tumba, hasta quedar atrapado en medio del murallón vegetal. Cayó diseñando un ademán de resignación. Lejos del oleaje de las miradas y del hierro motorizado. Entonces cerró los párpados, en lontanaza escuchó el llamado del adiós, y partió entre el sollozo de las plantas y el mirar de las aves nocturnas. Finalizó su andadura en un apartado peldaño de la geografía, besando la tierra devoradora, que al comerse la carne le comería los huesos. En aquella despedida el mutismo halló asilo en el atril de un arbusto. Kostik ya era pasajero de un tiempo concluido. Se marchó goteando soledad, abrigado por las hojas, transportado por el suspiro de la naturaleza. Así dejó este mundo el catador de sueños, el buceador de estrellas; esa existencia descuartizada por la dentadura de la espera, corroída por el ácido de cada nuevo amanecer, aplastada por el péndulo del incesante reloj. Kostik zarpó al encuentro del amigo. Ahora sí, el ave de la felicidad lo abanicaba con alas de entusiasmo.
... La alborada derramó luz en el techo de la arboleda, y Febo, dueño de la claridad, plantó presencia en el discurrir de otro día. Unos niños del vecindario hallaron el cuerpo. Había fallecido de muerte natural. Tal vez, al sentir el aliento naufragar, fue al bosque a morir en soledad, evitando desmoronarse en el lugar que insitía en aguardar a Yuri, su amigo del alma.
... El entorno quedó poblado de ausencia. Kostik habíase ido del brazo de la parca, y el pesar, al cavar hondo en el ánimo de la gente, dejó que la tristeza reflejada en las lágrimas, echara anclas para siempre en la memoria de todos.
... No obstante, algo extraño sucedió a continuación. El perro estaba muerto, pero los vecinos continuaban viéndolo por las noches. Y no una sola persona, sino varias. ¿Tal misterio encontró hueco en la superstición? ¿La sugestión hacía ver lo que quería verse? ¿Sería un can parecido al que confundieron con Kostik? ¿Se produjo un fenómeno paranormal explicable a traves del esoterismo?
... A iniciativa del Rotary Club, en el mismo punto donde Kostik estableció la espera, le construyeron el mayor homenaje. Lo llamaron "Monumento a la Fidelidad". La ejeución hecha lágrima, saltó de la emotividad a las manos del escultor Oleg Klyuev, resultando una obra realizada en bronce sobre un pedestal de granito, y de ciento cincuenta centímetro de altura. El costo ascendió a doscientos cincuenta mil rublos, suma sufragada por donación popular. Oleg Klyuev, esculpió la cabeza del animal vuelta hacia la carretera, mirando el tráfico, igual que si estuviera aguardando al amigo.
... El domingo 1 de junio de 2003, un día, por agradable coincidencia, de calor veraniego, tuvo lugar la inauguración. acudieron las autoridades locales, representantes del Rotary Club, periodistas, y habitantes de todos los rincones de la región. Presidió el acto el alcalde Nikolay Rents, quien, muy emocionado, dijo: "Nuestra ciudad ahora posee un símbolo. Así como Copenhague tiene a la famosa sirena, y Bruselas al conocido muchacho, nosotros en Togliatti tenemos un monumento al perro. A un perro que por su fidelidad ya es leyenda".
... Con el tiempo la estatua de Kostik devino en atracción, siendo la más visitada de Togliatti. Inclusive, se transformó en paso obligatorio para los recién casados. Las parejas, antes de iniciar el viaje de luna de miel, le frotan la nariz a fin de obtener felicidad. La costumbre ha calado hondo, y por culpa del reiterado ritual, el hocico de la escultura permanece brillante. De este modo, el humilde Kostik pasó a ser conocido en toda Rusia por "el perro de los novios".

.Autor: Ricardo Muñoz José
Reminiscencia elaborada con la historia y las imágenes obtenidas en Internet.

3 comentarios:

Liz dijo...

Los animales son capaces de cosas que no serían capaces los "humanos".Su amor es incondicional.Emocionante.Gracias Ricardo por tan bello homenaje a Kostik.Liz

Anónimo dijo...

Que historia tan maravillosa. La fidelidad que nos demuestran estos seres no lo hacen las personas. No tengo palabras para describir lo que sentía al leer esta historia, solo lágrimas de emoción

DraX dijo...

Otro hachiko, diferentes tiempo, raza pero igual fidelidad